Eduardo Bustamante Ramos
1921-1999
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Lo vi hace menos de una semana, el día que abandonó la clínica después de su segundo infarto (del primero no tuve noticias sino cuando los hijos que tiene en el extranjero ya habían regresado, después del gran susto).
Si bien es cierto que su semblante impresionaba, porque había perdido más de doce kilos volviendo de la frontera de la muerte. "No me asustó en absoluto - dijo - solamente tenía miedo de quedar inválido y ser una carga para todos". El mismo se encargó de dar rápidamente otro giro a la conversación.
Más le preocupaba la crisis que vive el país. Estaba indignado por la campaña de la prensa amarilla contra los candidatos de oposición. Su energía intacta y su sentido del humor y su ironía de siempre borraron la conmoción que me había producido y me hicieron pensar de inmediato "Recuperas tu peso y tenemos Flaco para rato".
Pero solo en estas circunstancias tomamos conciencia de que somos una máquina complicada y frágil; que lo inimaginable puede ocurrirnos en cualquier instante. Qué dificil va a ser ahora recordarlo en pretérito. No contar con su indignación y sus diatribas contra el abuso y la mentira. Cuanta falta nos van a ser su amistad generosa, sin resentimientos, envidias, ni rencores; su inteligencia cultivada; sus interminables y oportunas ocurrencias; su alegría de vivir; su valía profesional sin pretensiones y su ejemplo de caballero cabal, intransigente, pero leal, sencillo y bueno en toda la extensión de la palabra.
Porque fué bueno, el Señor lo ha de tener por siempre con los suyos. |
Pedro Cateriano Octubre 15, 1999 |
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